Lampyridae Magazine - 16:9

Un Agente de película

Corría el 13 de abril de 1953 cuando Ian Fleming creaba uno de los personajes más carismáticos que conocemos: Bond, James Bond. Gracias a doce novelas y veinticinco películas (hasta el momento) hemos conocido las aventuras del agente secreto menos secreto de la historia.

Gracias al éxito de Casino Royale (primera de las novelas de Fleming) el personaje fue creciendo y apenas diez años después de ver la luz por primera vez dio el salto a la gran pantalla en El Agente 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1963).  El MI6 tenía en su agente 007 su gran baza para luchar contra el mal y EON Productions uno para convertirse en un éxito de taquilla.

Bond cuenta con su inteligencia y con una sofisticada tecnología, así como con unos cuantos ayudantes que se repiten a lo largo de sus aventuras, como M, Moneypenny o Q. Es conocido por su capacidad de observación, audacia y elegancia mientras pide un vodka martini, agitado pero no mezclado.

Hemos hecho un repaso a su filmografía para comprobar que, interpretado por seis actores diferentes, el Agente 007 es uno de esos personajes que se reinventan y que podrían sobrevivir a la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Las historias que nos contó el cine

Si alguien nos pregunta cuál es la primera palabra que nos viene a la cabeza si pensamos en cine seguramente una de las más recurrentes sea “historias”. Las imágenes tienen una enorme capacidad de contar algo, así que los más imaginativos se pusieron detrás de la cámara para mostrarnos vidas que no existían, encuentros que nunca se produjeron o mundos que, a día de hoy, no tenemos certeza de que habiten nuestro cosmos.

Pero también hubo quien vio en el cine el elemento perfecto para contar historias de la historia. Grandes guerras, personalidades destacadas o acontecimientos únicos. Esta vez vamos a pararnos a hablar de las películas que se acordaron de historias concretas, historias que seguramente no aparezcan en ninguna enciclopedia y que de no ser por el cine puede que nunca hubiéramos llegado a conocer.

Las historias que suelen trascender de las guerras son las de las grandes batallas. Los grandes olvidados suelen ser pequeños héroes o pequeñas hazañas que puede que no cambiaran el destino de un conflicto, pero sí fueron remarcables por una u otra razón. Casi todos conocimos a Oskar Schindler gracias a la película que lleva su nombre. La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) narra la vida de un empresario alemán que salvó la vida a más de mil doscientos judíos. El 2001 Jean-Jacques Annaud nos contaba la hazaña del francotirador Vasili Záitsev en Enemigo a las puertas, película ambientada en la sangrienta batalla de Stalingrado y en la que Vasili se convirtió en una leyenda del Ejército Rojo tras neutralizar a más de doscientos soldados y oficiales nazis. Basada en las memorias de Wladyslaw Szpilman, El Pianista (Roman Polanski, 2002) nos acerca pesadilla vivida en el ghetto de Varsovia escapando del Holocausto.

El mundo de la cultura, cine incluido también ha sido objeto de algunas de estas películas. En 2015 Hollywood se miraba a sí mismo para traernos Trumbo. La Lista Negra de Hollywood (Jay Roach). Basada en la vida del guionista Dalton Trumbo, escritor de éxitos como Vacaciones en Roma o Espartaco, marginado por el Comité de Actividades Antiamericanas. Christian Schwochow nos acercó en 2016 la historia de la pintora Paula Becker en Paula. Empeñada en seguir su propio camino, cuestionó las leyes morales y artísticas de principios del siglo XX hasta encontrar su estilo. La más reciente en la que queremos detenernos es Wonder Women y el Profesor Marston (Angela Robinson, 2017). Cuenta cómo el psicólogo William Marston, inventor del detector de mentiras (aunque se olvidara de registrar la patente) creó el personaje de cómic Wonder Woman gracias a su relación de poliamor con Elisabeth Marston y Olive Byrne.

Entre otras cosas, el cine ha humanizado y contado la parte menos visible del mundo científico. Corría el año 2001 cuando un matemático pasó a ser conocido por la mayoría de ajenos a dicho mundo gracias a una película. Basada en el libro homónimo de Sylvia Nasar, Una mente maravillosa (Ron Howard) nos acercaba la historia de John Forbes Nash, Premio Nobel de Economía en 1994 y cómo una mente tan privilegiada tuvo que luchar contra sí misma debido a una enfermedad mental. En 2009, Alejandro Amenábar viajaba hasta el Egipto del siglo IV para contarnos en Ágora la historia de Hypatia de Alejandría, una brillante astrónoma y filósofa. Y dando otro salto en el tiempo, esta vez tan sólo hasta 1939, podemos acercarnos a Alan Turing en Descifrando Enigma (Morten Tyldum, 2014), en la que no sólo se nos habla de la invención de la máquina que ayudó a descodificar los mensajes alemanes durante la II Guerra Mundial (antecesora de nuestros actuales ordenadores), sino también de la persecución de Turing por su homosexualidad.

El deporte tampoco ha escapado a una mirada más cercana del cine. Corría 2005 cuando conocimos a Ken Carter y a su equipo de baloncesto. Coach Carter (Thomas Carter) contaba la historia del entrenador de baloncesto del Instituto Richmond, quien intentó inculcar a un grupo de adolescentes el valor de la disciplina y de la formación académica. El boxeo ha inspirado varias películas como Cinderella Man (Ron Howard, 2005) o The Fighter (David O. Russell, 2010) en la que se nos acerca la historia de los hermanos Dicky Eklund y Micky Ward y de cómo el primero intenta redimirse convirtiendo al segundo en el campeón que él pudo llegar a ser. Y hace tan solo unos meses que pudimos ver en la gran pantalla la historia de la tenista Billie Jean King. Con la excusa del mediático partido contra Bobby Riggs, La Batalla de los Sexos (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2017) habla de cómo una de las consideradas mejores jugadoras de la historia lucha por la igualdad de las mujeres, siendo una de las precursoras del actual circuito WTA, pero que a la vez tiene que ocultar su homosexualidad para que esta lucha no se vea perjudicada.

Hay infinidad de historias que por rocambolescas o por ser especialmente crudas, parecen obra de un guionista especialmente imaginativo. Uno de los Nuestros (Martin Scorsese, 1990) narra la vida de Henry Hill, un muchacho de Brooklyn que acaba escalando en el escalafón de la mafia. 12 años de esclavitud  (Steve McQueen, 2013) denuncia la pesadilla vivida por Solomon Northup, un hombre secuestrado en 1850 y vendido como esclavo que lucha por escapar y volver con su familia. Del mismo año y también relacionada con el racismo es El Mayordomo (Lee Daniels). En ella conocemos la historia de Eugene Allen (Cecil Gaines en la película), un mayordomo que sirvió en la Casa Blanca durante treinta y cuatro años siendo testigo de la evolución de la política social y racial.

El cine español también ha considerado que tenía que subrayar algún personaje que se nos había pasado por alto. El lobo (Miguel Courtois, 2004) nos transporta a los últimos años del franquismo para contarnos la historia de Mikel Lejarza, un infiltrado en ETA que consiguió la caída de más de ciento cincuenta activistas. Heroína (Gerardo Ramos, 2005) habla sobre el drama de las familias de los drogadictos y de cómo esta realidad empuja a un grupo de madres a fundar Érguete, la asociación que hizo frente a los narcos gallegos y luchó por sacar a sus hijos de la lacra de la drogadicción.

Con todos estos ejemplos nos queda claro que el cine no sólo es una herramienta de entretenimiento. Obviamente, por el buen del discurrir de la película, muchas de estas películas tienen elementos de dramatización que no siguen la realidad al pie de la letra pero, desde luego, poner en foco estos personajes sirve para que conozcamos un poco más la vida de quienes nunca aparecerán en los libros de historia.

De las tablas al celuloide II: Tennessee Williams

Si ya nos habíamos parado a hablar de las adaptaciones que el cine había hecho del teatro en general, hoy vamos a ponerle un nombre propio en particular.

Thomas Lanier Williams III nació en Mississippi y, sin embargo, todo el mundo lo conocería por el nombre de otro lugar de la geografía estadounidense: Tennessee.

Tennessee Williams fue uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX y entre otras cosas, es reconocido por el tema que aquí nos ocupa: la extensa lista de sus obras que han sido adaptadas para la gran pantalla.

Con un estilo que muchos han denominado como gótico sureño, las obras de Williams están marcadas por su procedencia y por ese halo de nostalgia que dicha sociedad tenía aún del pasado, sus valores y tradiciones. Es por ello por lo que los personajes y su psicología adquieren un papel protagonista en la trama.

Su extensísima carrera está compuesta por unas ochenta obras de teatro, tres novelas y siete cuentos cortos, además de haber coqueteado con la poesía. Ganó el Premio Pullitzer con Un tranvía llamado deseo en 1948 y repitió con La Gata sobre el tejado de zinc en 1955. Estas dos obras ganaron también el Premio de la Crítica Teatral junto con El zoo de cristal en 1945 y La noche de la iguana en 1961. Y por si fueran pocos premios, tuvo que hacer sitio en su galardonada estantería para el Tony de 1952 por La rosa tatuada.

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Y Hollywood, que no es tonto, puso sus ojos en el trabajo de Tennessee. Pese a la frenética producción de obras que seguía llevando a cabo nuestro dramaturgo, fue el encargado de muchos de los guiones que darían vida en la gran pantalla a todos aquellos seres atormentados y nostálgicos para los que ya se había alzado el telón.

El primero en acompañarlas en tan vertiginoso salto, fue Elia Kazan en 1951 con uno de los clásicos más conocidos del cine: Un tranvía llamado deseo, en donde Vivien Leigh y los dos actores secundarios (Kim Hunter y Karl Malden) se alzaron con el Oscar a las mejores interpretaciones. Pero sin lugar a dudas, la interpretación de Marlo Brando como Stanley Kowalski es la más recordada (y una de las más recordadas de la historia del cine). Kazan repetiría la experiencia con Baby Doll en 1956.

El éxito volvió a llegar en 1958 con Richard Brooks dirigiendo La gata sobre el tejado de Zinc. No se llevó ninguna estatuilla (pese a las seis nominaciones) pero la apatía de un Paul Newman que convirtió el albornoz en todo un hito de la elegancia, y la vehemencia de Elisabeth Taylor, convirtieron a esta película en referente de cualquier videoteca clásica.

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Elisabeth Taylor volvería a ser la protagonista de más adaptaciones como De repente, el último verano (Joseph L. Mankiewicz, 1958), junto con su inseparable Montgomery Clift o La mujer maldita (Joseph Losey, 1968). Del mismo modo, Newman volvería a encarnar un personaje del dramaturgo en Dulce pájaro de juventud (Richard Brooks, 1962) y se atrevería a ponerse detrás de la cámara para dirigir a Joanne Woodward y John Malkovich en El zoo de cristal en 1987.

Incluso un antiguo guionista como John Huston puso sus ojos en una de sus numerosas piezas teatrales de Williams y en 1964 reunió a estrellas como Richard Burton, Deborah Kerr o Ava Gardner para que la cámara diera vida a La noche de la iguana.

De la extensa producción de Tennessee Williams, se pueden encontrar más de veinticinco adaptaciones audiovisuales. Está claro que apostar por sus obrar es apostar a caballo ganador. El teatro, el cine y el arte en general tiene mucho que agradecerle a su talento, el cual terminó ahogado con un tapón alojado en su garganta impidiendo que pudiera seguir respirando, que pudiera seguir inspirando.

De las tablas al celuloide I

Por muchos es sabido que el cine nació más como avance tecnológico que cultural. Por eso, y aunque el canal estaba, faltaba el mensaje. Y de lo primero que echó mano el cine (después de las pruebas con escenas cotidianas) fue del teatro. Las historias ya estaban, sólo había que adaptarlas.

Fue así como nació una relación que llega hasta nuestros días. Y aunque en un principio caminaran de la mano, cuanto más se desarrollaba el séptimo arte más se separaba del género teatral. Si nos remontamos a los comienzos del primero, podemos ver cómo escenarios e interpretaciones, caminaban muy cerca del segundo. Los recursos técnicos eran muy limitados y las interpretaciones (mudas aún) eran el resultado de una migración de los actores del escenario al estudio.

Son muchas las diferencias entre ambos y quizá la más evidente es el hecho de que la representación teatral coincide con la observación del espectador, mientras que en el cine se produce un desfase temporal entre ambas, lo cual permite la repetición de la actuación hasta obtener una toma válida. Los efectos, cambios de escenarios, montaje y un largo etcétera son otros de los elementos que hacen que ambos sean versiones diferentes de las artes escénicas.

Como decíamos, las adaptaciones teatrales fueron una de las primeras formas de guión. Y aunque conforme evolucionaba el lenguaje cinematográfico y se podía ofrecer una mayor complejidad en los guiones, el teatro siempre ha sido una fuente de inspiración que ha permanecido latente. Son muchos los temas, los géneros y los autores que han salido del patio de butacas para darse un paseo por el set de rodaje.

Adaptaciones con mucho ritmo

Si hablamos de musicales, Broadway ha sido una mina para el séptimo arte. Si hablamos de la obra Pigmalión, escrita en 1912 por George Bernard Shaw, igual algunos no saben aún por dónde van los tiros, pero si decimos que en 1956 Broadway alzó el telón para representar My Fair Lady, quizá ya empecemos a entendernos. Tras el éxito de la obra (hasta la fecha es la obra que más tiempo ha estado en cartel en la historia de Nueva York), George Cukor le dio a Audrey Hepburn el papel de Eliza en 1964 para rodar uno de los clásicos de la historia del cine.

Robert Wise sería el encargado de dirigir tanto en teatro como en cine West Side Story en 1957 y 1961, respectivamente. Se volvería a atrever con una adaptación en 1965 cuando, de la mano de Julie Andrews, hizo que la familia von Trapp cantara en Sonrisas y Lágrimas.

Uno de los musicales por excelencia es Cabaret. Broadway abrió sus puertas para él en 1966 y Bob Fosse decidió trasladarlo al cine en 1972. Hair siguió el mismo camino tras su estreno en 1967 y en 1979 era Milos Forman quien lo acompañaba a las salas de cine. Y no podíamos olvidarnos de Grease que, tras su estreno en 1971, hizo que Sandy y Danny aparecieran en las pantallas de todo el mundo de la mano de Randal Kleiser en 1978.

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Mención aparte merece la adaptación de Chicago. Corría 1975 cuando de nuevo Bob Fosse, esta vez junto con Fred Ebb, llevó un nuevo libreto a los escenarios. Tras el éxito de la adaptación cinematográfica de Bill Condon en 2002, la cual se alzó con seis Oscars (incluyendo mejor película), tuvo una segunda vida en el teatro a partir de 2006, llegando a realizar más de seis mil representaciones.

Chicago

Para cerrar la sección musical, no queremos olvidarnos del diabólico barbero de la calle Fleet. Sweeney Todd ha sido una de las últimas y mejores adaptaciones cinematográficas. Tras estrenarse en el teatro en 1979 y ganar un Tony al musical del año, Tim Burton le dio una oportunidad delante de la cámara en 2007 junto con sus inseparables Johnny Depp y Helena Bonham Carter.

Classic allways wins

Sí, los clásicos siempre ganan. Por eso una historia de Shakespeare siempre es digna de ser adaptada. Es imposible detenernos en todas las películas basadas en alguna de las obras del Bardo ya que son más de doscientas cincuenta las versiones que existen.

Una de las primeras fue La fierecilla domada (Sam Taylor, 1929) a la que siguió la versión de Franco Zeffirelli de 1967, interpretada por Elisabeth Taylor y Richard Burton. George Cukor se pensó que una de las historias de amor más desdichadas que había conocido la literatura sería perfecta para la gran pantalla y en 1936 dirigió Romeo y Julieta, de la cual se han llegado a hacer casi veinte versiones. Hamlet, Macbeth, Otelo o El Rey Lear, son algunas de las piezas de Shakespeare que se han llevado al cine en más ocasiones.

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Más adelante nos detendremos en la producción española, pero puesto que estamos hablando de tiempos cercanos a William, tenemos que mencionar ahora a Lope de Vega. Escribió El Perro del Hortelano en 1618 y además de servir al refranero español, sirvió para dar lugar a alguna película. Lo más curioso de su adaptación es que la primera que se llevó a cabo fue en la antigua URSS en 1977. No sería hasta 1996 cuando Pilar Miró hiciera lo propio en nuestro país. También fueron llevadas al cine Fuenteovejuna (Antonio Román, 1947 y Juan Guerrero Zamora 1970) y El mejor alcalde, el Rey (Rafael Gil, 1973)

Otra de los clásicos destacados es Cyrano de Bergerac, escrita en 1897 por Edmond Rostand y que ha sido adaptada en numerosas ocasiones, como en 1950 por Michael Gordon o en 1990 por Jean-Paul Rappeneau y que fue protagonizada por Gérard Depardieu. Y para finalizar con las obras de otro siglo, echamos mano de Oscar Wilde y La importancia de llamarse Ernesto (1895), la cual fue puesta delante del objetivo de la mano de Anthony Asquith en 1952.

¡Larga vida al teatro!

Y aunque los clásicos sean un acierto, nunca hay que perder de vista al panorama contemporáneo. Eso es lo que han pensado muchos directores a la hora de buscar inspiración en los escenarios teatrales.

Billy Wilder descubrió un filón con el tándem interpretativo: Lemmon-Matthau y entre las películas en las que contó con la exitosa pareja figura Primera plana (1974) que no es más que la adaptación de la obra homónima de Ben Hecht y Charles MacArthur, estrenada en 1931. Otra dupla que pasaría a la historia del cine fue la de Laurence Olivier y Michael Caine por su magistral interpretación (ambos lucharon por el Oscar a mejor actor) en La huella (Joseph L. Mankiewicz, 1972). La película fue una adaptación de la obra de Anthony Schaffer, escrita dos años antes. En 2007 fue llevada de nuevo al cine por Kenneth Branagh.

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Y si hablamos de repetir, tenemos que mencionar The Deep Blue Sea. Basada en la obra de Terence Rattingan de 1952, fue llevada al cine por Anatole Litvak en 1955 de la junto con Vivien Leigh, aunque la versión que tenemos más reciente es la de Terence Davies en 2011.

Para acabar con el repaso a las adaptaciones más recientes, nos detenemos en una obra que a su vez está basada en hechos reales. Tras el escándalo del Watergate, Nixon realizó una serie de entrevistas con el periodista David Frost. El resultado de las mismas y cómo tuvieron lugar fue plasmado en 2006 por Peter Morgan y filmadas a su vez en 2008 por Ron Howard bajo el título El desafío: Frost contra Nixon.

A este lado del Atlántico

En lo que se refiere a nuestra producción, y dejando de lado a los clásicos, no podemos dejar de lado a Federico García Lorca. Bodas de sangre es una de sus obras más adaptadas, aunque curiosamente (o no tanto, si tenemos en cuenta cómo acabó el autor y cómo España), Argentina fue el primer país en llevarla a la gran pantalla. Fue Edmundo Guibourg en 1938, a quien siguió Carlos Saura en 1981 y Paula Ortiz en 2015 con La Novia.

Otra obra que destaca en los últimos años es Las bicicletas son para el verano, escrita por Fernando Fernán Gómez en 1977 y dirigida por Jaime Chávarri en 1984.

Y todo esto porque queríamos hablar de un autor en concreto pero... lo dejaremos para otro día.

¡Oh Cinéfila Navidad!

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Se acerca la Navidad y es el momento de caer en los tópicos: comer demasiado, agobiarse con los regalos, las reuniones familiares, las fiestas, los brindis, los reencuentros, las uvas y, por supuesto, los especiales de Navidad. Así que para no ser menos, nosotros hemos hecho una lista con algunas de nuestras películas preferidas para acurrucarse en el sofá y pasar la resaca como manda esta época del año. En esta selección podréis encontrar de todo: acción, amor, comedia, crítica social, moraleja, bichos horripilantes y, sobre todo, mucho espíritu navideño.

Empezamos con la que es una de las películas navideñas preferidas de muchísima gente y también, todo hay que decirlo, odiada (sólo es necesario echar un vistazo a las críticas) y que seguro que vais a ver porque es un clásico de la programación televisiva de esta época: Love Actually (2003, Richard Curtis). Para los marcianos que, como la protagonista del anuncio de la Lotería, acaben de llegar a la Tierra y no la conozcan, decir que se trata de una comedia romántica de historias cruzadas con un reparto impresionante.

Damos el salto al cine español de hace unos añitos para ver que en Navidad no todo es tan bonito como parece. Plácido es una obra maestra de 1961 de Berlanga que fue nominada al Oscar a Mejor Película Extranjera. Es ácida, es crítica y nos encanta.

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Llega el momento de la animación navideña un poco siniestra de la mano de Jack Skellington. No necesitáis más pistas ¿no? Pesadilla antes de Navidad ( 1993, Henry Selick) es una mezcla macabro-navideña que gusta a todo el mundo.

Y ya que estamos animados (chiste malo) vamos a continuar con otro clásico de los clásicos, aunque más estadounidense que español: La Navidad de Charlie Brown (1965, Bill Melendez), que nos parece una buena aportación de esas que nunca se pasan de moda.

¿Y en qué familia no ha sido un acontecimiento la presententación de un novio? Para los que quieran ver los típicos dramas familiares y reirse de ellos tenemos La joya de la familia (2005, Thomas Bezucha) que tiene un "no sabemos qué" que nos gusta.

¡ Sólo en casa (1990, Chris Columbus) tenía que estar y lo sabíais!¿Quién no ha querido alguna vez ser Kevin McAllister y tener la casa para uno solo, hacer gamberradas y enfrentarse a unos ladrones un poco tontos?

¡Yipi ka yei! es el momento de sacar la artillería porque llega John McClane con La jungla de cristal (1988, John McTiernan). Y ya que estamos, en caso de que la resaca sea importante, recomendamos toda la saga.

Tim Burton aparece de nuevo con otra película que también os sacará una sonrisa porque es imposible no querer adoptar a  Eduardo Manostijeras  (1990, Tim Burton).  Y la más antigua de las películas que vamos a recomendar hoy es también un clásico de esos con las mejores notas en los rankings cinéfilos. Qué bello es vivir (1946, Frank Capra) os hará felices. 

Si empezamos con amor, vamos a terminar con terror. "No les des de comer después de medianoche, no dejes que se mojen y que nunca les dé la luz del sol" ¿Ya sabéis de lo que estamos hablando, no? Gremlins (1984, Joe Dante) está aquí para quitarle un poco de azúcar a vuestras Navidades y hacerlas más interesantes. Y con ella cerramos nuestra selección navideña. Ahora ya sabéis lo que tenéis que hacer ¿no? ¡id preparando las palomitas, los polvorones y el turrón de chocolate!

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El plano secuencia es para valientes

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No hace mucho, en nuestra segunda parte del Glosario del Cine  explicábamos, entre otros términos, el significado de "plano secuencia" de la siguiente manera: Técnica de planificación que define una escena manejada en una sola toma, por lo general una toma prolongada. El ejemplo más paradigmático es el plano secuencia inicial de Sed de Mal (Orson Welles, 1958).

Tras leer el interesante análisis de Espinof.com "Dunkerke antes de Nolan" sobre el impresionante plano secuencia de casi 5 minutos de Expiación (Joe Wright, 2007) hemos pensado hacer un repaso a algunos planos secuencia que nos han dejado sin palabras.

[via Espinof ]

Como ya hemos dicho, el ejemplo clásico que viene a la cabeza al hablar de planos secuencia para la historia es el que abre Sed de Mal, aunque los cinéfilos más jóvenes seguro que todavía tienen fresco en la retina el plano secuencia-número musical de La la land (Damien Chazelle, 2016) o el divertido de Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014). Sin embargo, en 1948, Alfred Hitchcock ya llevó está técnica de planificación al extremo rodando integramente La Soga utilizando esta técnica y difuminando los límites entre el cine y el teatro. Como es lógico, la cosa tenía su truco y tuvieron que utilizar objetos para irse a negro y realizar los cortes necesarios. Hay que tener en cuenta que las cámaras y las bobinas de celuloide tienen un tamaño y una longitud concreta y limitada con la que contar (cada rollo duraba 10 minutos), además, se tienen que poder realizar movimientos sin que al cámara le dé un ataque de lumbago.

Y diréis ¿para qué tomarse la molestia de rodar un plano de este tipo que va a necesitar un esfuerzo tremendo de todo el equipo, numerosos ensayos, perfecta sincronización y enormes recursos? Ningún plano está realizado a capricho del director, todo tiene algún significado y en este caso puede ser seguir a un personaje en tiempo real, descubriendo lo que él descubre, o mostrar un ambiente concreto a través de multitud de acciones simultáneas.

Otra de las complicaciones del plano secuencia es su integración en el ritmo de la película. Para que nos entendamos, una escena sucede en un mismo tiempo y lugar. Una secuencia está compuesta por distintas escenas que tienen una continuidad, por ejemplo, de acción. Un plano secuencia supone mostrar todo aquello que en una secuencia normal estaría cortado en el montaje, de ahí la necesidad de que no sea aburrido y funcione como una danza perfectamente coreografiada.

Sabemos que Kubrick era otro maestro del cine y lo demostró en El Resplandor en el plano secuencia que sigue a Danny en su triciclo por el hotel hasta la habitación 237. Pero esta técnica no es exclusiva del cine, es muy empleada por los directores de videoclips. Todo el mundo sabe que el grupo OK Go tiene vídeos musicales espectaculares y divertidos y este, dirigido por Kazuaki Seki y Damian Kulash, Jr. y Morihiro Harano como director creativo, se lleva la palma.

Existen infinidad de ejemplos de uso de esta técnica: en The Player (Robert Altman, 1992), en la serie True Detective (Nic Pizzolatto, 2014), en Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957), en Oldboy (Chan-wook Park, 2003)... Un buen plano secuencia suele pasar desapercibido, pero ahora que ya sabéis un poco más sobre ellos ¡os invitamos a que los descubráis todos!

 

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Diccionario Esencial del Cine II

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Seguimos empeñados en que os convirtáis en unos expertos en lenguaje cinematográfico, así que, como ya hicimos en el Volumen 1 del Diccionario Esencial del Cine, os proponemos que le echéis un vistazo a la nueva edición de nuestro glosario, esta vez, con Orson Welles como protagonista indiscutible. Y es que este hombre sabía detrás de lo que andaba cuando se ponía a hacer películas. Así que atentos, que el volumen 2 viene cargado de palabras, ejemplos e imágenes muy interesantes. 

Haciendo clic en la imagen tendréis acceso al pdf interactivo:

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Sci-Fi III: Unos van, otros vienen y mientras, los superhéroes nos entretienen

Después de hablar de los visionarios del género, de entretenernos un rato con Star Wars y los clásicos de los 80 y 90, ha llegado el momento de terminar nuestro viaje con unos compañeros muy molones: los superhéroes y los viajeros espaciales.

Los superhéroes (aparte de nuestras madres, claro está) son personajes dotados de algún don especial que les hace tener capacidades inimaginables para un humano de a pie. Estas habilidades pueden deberse a varios factores. El primero es que no sean humanos, pudiendo ser seres de otros mundos, como es el caso de Superman o bien que tengan habilidades heredadas de los dioses como Wonder Woman; el segundo es debido a alteraciones físicas, bien sean innatas comos las de los X-Men en forma de mutaciones (¡hemos dicho mutaciones! ¡Corred, poneos a salvo!), producidas por algún tipo de accidente (¡malditas radiaciones!) como en el caso de Dr. Manhattan o bien inducidas con algún tipo de experimento (en el que generalmente el ejército de los Estados Unidos ha metido la nariz) como Capitán América. El tercer tipo de superhéroe es más asequible a la gran mayoría de mortales, hablamos del superhéroe que recurre a la tecnología para serlo. En este último caso sólo necesitaríamos tener el dinero de Tony Stark (ojo, no equivocarse de familia Stark) para ser Iron Man o haber heredado en imperio Wayne para ser Batman. Todos a la administración de lotería más cercana, ¡vamos!

La gran mayoría de superhéroes que vemos en pantalla han realizado hasta ella un viaje desde el universo del cómic en el que destacan dos brillantes galaxias: Marvel y DC Comics. La historia de este viaje del papel a la pantalla comienza con la adaptación en formato serie de Las aventuras del capitán Marvel (1941) y Batman (1943) hasta que por fin, en 1978 llega la primera gran película de superhéroes: Superman (Richard Donner), con Christopher Reeve interprentando a Clark Kent y su doble vida, siendo esta dualidad entre el héroe y el hombre una de las subtramas más recurrentes en este tipo de películas.

Tras comprobar que Kal-El y su capa tenían tirón, llegaron sus secuelas Superman II y III (Richard Lester, 1980 y 1983) y Tim Burton se puso manos a la obra para poner en el mapa cinematográfico a Gotham, con un Batman que llegó a las pantallas en 1989.

De ambas películas surgieron secuelas, series y remakes entre las que destacan la trilogía dirigida por Christopher Nolan: Batman Begins (2005); Batman: The Dark Knight (2008) y Batman: The Dark Knight Rises (2012), protagonizadas por Christian Bale acompañado de un magnífico elenco de villanos.

Aunque el universo DC Comic cuenta con más héroes uniformados que veremos proximamente desenvolverse en la gran pantalla (Wonder Woman o Aquaman entre otros), también tiene en nómina otros de vestimenta libre pero igualmente valiosos como Watchmen (Zack Snyder, 2009) o la peculiar Suicide Squad (David Ayer, 2016), en la que, por primera vez, los villanos son los héroes.

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Y ahora nos cambiamos de chaqueta para hacernos fans de Marvel. Su primer superhéroe en dar el salto al celuloide fue Capitán América (Albert Pyun, 1990), al que siguió El cuervo (Alex Proyas, 1994), película recordada por la muerte de Brandon Lee debido a un disparo accidental. En 1998 llega la primera película con la que Marvel decide hacer una franquicia: Blade (Stephen Norrington).

En la década de los 2000 el género se empieza a ver cada vez más influido por la acción y la aventura, siendo la ciencia ficción solamente la excusa para que ambas tengan un buen caldo de cultivo. Llegan entonces las entregas de Spider-man (Sam Raimi, 2002-2007),  Los cuatro Fantásticos (Tim Story, 2005 y 2007) y sobretodo el inagotable universo X-Men. Y es que los chicos del profesor Xabier llevan desde el 2000 asombrándonos con sus mutaciones genéticas gracias a las que incluso han regresado a una ciencia ficción más pura con viajes temporales en X-Men: Apocalisis (Bryan Singer, 2016).

Tras el éxito de todas ellas, Marvel se dio cuenta de que asociada con otras productoras (20th Century Fox, Columbia Pictures o New Line Cinema) sólo se estaba llevando las migajas de un enorme pastel, así que decidió fundar Marvel Studios y explotar toda una línea de personajes cuyos derechos le pertenecían aún y reunirlos a todos en un crossover. Bienvenidos, Vengadores.

Con varias películas de sus más representativos superhéroes, MCU (Marvel Cinematic Universe) se ha posicionado como una de las productoras más importantes en este género, gracias entre otros a Iron Man, Capitán América o Thor. Todos ellos se citaron en 2012 de la mano de Joss Whedon en The Avengers y en 2015 en The Avengers, the Age of Ultron. Si bien es cierto, que la apoteosis de los superhéroes Marvel llegó en 2016 con Capitain America: Civil War (Anthony y Joe Russo), en la que se citaban no sólo Los Vengadores, sino personajes como Spider-man, Ant-man o Black Panther.

En paralelo a estos superhéroes, Marvel también ha realizado viajes espaciales con Guardians of the Galaxy (Jamens Gunn, 2014) o explotando a Doctor Strange (Scott Derrickson, 2016).

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Y dejamos a los superhéroes para poner nuestra mirada en lugares más allá del planeta Tierra, tanto en viajes de salida como de llegada. Ya habíamos hablado anteriormente de Alien o de E.T, así que vamos a hacer un breve repaso por el turismo interplanetario.

En La Tierra se vive muy bien, deben pensar muchos extraterrestres, así que, ¿por qué no colonizarla? Esta es la premisa de varios títulos como Independence Day (Ronald Emmerich, 1996) o La Guerra de los Mundos (Steven Spielberg, 2005) en el remake de la adaptación de la novela homónima de H.G Wells que ya había dirigido en 1953 Byron Haskin.

La figura del alienígena, con unas capacidades muy superiores a las del género humano, se contempla como un ser aniquilador que para nada quiere tenernos como colegas. La única forma de vencerlos y conservar intacto nuestro preciado planeta (ese que tanto cuidamos nosotros, guiño, guiño) es unir fuerzas en modo Fuenteovejuna.

Pero no os creáis que nosotros no somos viajeros, porque si ellos vienen nosotros nos vamos. Yuri Gagarin nos enseñó que podemos ir de excursión a Fuengirola o al espacio, todo depende de la tolerancia a la ingravidez de cada uno. Así que el cine se puso manos a la obra y pensó que tener una nave espacial daba para mucho y este mundo se le quedaba pequeño.

Fue así como salimos de la tierra para buscar otros mundos que habitar ya que al nuestro, por un motivo u otro, ya no es suficiente. El cine viajó hasta Pandora en Avatar (James Cameron, 2009) para revolucionar los efectos especiales o nos hizo pensar en la relatividad del tiempo en Interstellar (Christopher Nolan, 2014), donde una Tierra en las últimas necesitaba otro hogar para sus habitantes.

Hay directores que organizan viajes espaciales con la necesidad de salvar la Tierra en Armageddon (Michael Bay, 1998) o en Sunshine (Danny Boyle, 2007); otros lo hacen para darnos un garbeo y explorar en Contact (Robert Zemmeckis, 1997) siendo ésta la adaptación de la novela de Carl Sagan, en Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) o en la reciente Marte (Ridley Scott, 2015) en la que mediante la adaptación del Best Seller homónimo, el director aseguró que sólo pretendía hacer una oda a la ciencia. En otras como Gattaca (Andrew Niccol, 1996) el viaje espacial es sólo la excusa para hablar de una sociedad distópica en la que el control genético lo decide todo y en donde se unen varios temas recurrentes en el mundo de la ciencia ficción.

sunshine

Podríamos alargarnos eternamente repasando un género al que la barrera de la realidad no impide ser tan grande como él desee y es que nadie puede negar que la ciencia ficción tiene un encanto especial. Refleja nuestros miedos y nuestras esperanzas como civilización; sitúa a los humanos en el centro del Universo, pero al mismo tiempo evidencia nuestras debilidades y nuestra insignificancia frente a inteligencias superiores o fuerzas de la naturaleza. Pero, sobre todo, nos permite reflexionar, ya sea sobre avances científicos, sobre viajes espaciales o sobre las consecuencias de nuestros actos. Sólo queda esperar a que, con el tiempo, la realidad acabe superando a la ficción, pero es bueno recordar que todo empieza con alguien que sueña. ¿Le suena a alguien el nombre de Jules Verne?

"The older I get, the more I look at movies as a moving miracle. Audiences are harder to please if you're just giving them special effects, but they're easy to please if it's a good story. The audience is also the toughest critic - a good story that exists in your world may not be the first choice for an audience. So I just do the best I can." Steven Spielberg.

Después de hablar de los visionarios del género, de entretenernos un rato con Star Wars y los clasicos de los 80 y 90, ha llegado el momento de terminar nuestro viaje con unos compañeros muy molones: los superhéroes y los viajeros espaciales.

 

Los superhéroes (aparte de nuestras madres, claro está) son personajes dotados de algún don especial que les hace tener capacidades inimaginables para un humano de a pie. Estas habilidades pueden deberse a varios factores. El primero es que no sean humanos, pudiendo ser seres de otros mundos, como es el caso de Superman o bien que tengan habilidades heredadas de los dioses como Wonder Woman; el segundo es debido a alteraciones físicas, bien sean innatas comos las de los X-Men en forma de mutaciones (¡hemos dicho mutaciones! ¡Corred, poneos a salvo!), producidas por algún tipo de accidente (¡malditas radiaciones!) como en el caso de Dr. Manhattan o bien inducidas con algún tipo de experimento (en el que generalmente el ejército de los Estados Unidos ha metido la nariz) como Capitán América. El tercer tipo de superhéroe es más asequible a la gran mayoría de mortales, hablamos del superhéroe que recurre a a tecnología para serlo. En este último caso sólo necesitaríamos tener el dinero de Tony Stark (ojo, no equivocarse de familia Stark) para ser Iron Man o haber heredado en imperio Wayne para ser Batman. Todos a la administración de lotería más cercana, ¡vamos!

 

La gran mayoría de superhéroes que vemos en pantalla han realizado hasta ella un viaje desde el universo del cómic en el que destacan especialmente dos brillantes galaxias: Marvel y DC Comics. La historia de este viaje del papel al celuloide comienza con la adaptación en formato serie de Las aventuras del capitán Marvel (1941) y Batman (1943) hasta que por fin, en 1978 llega la primera gran película de superhéroes: Superman (Richard Donner), con Christopher Reeve interprentando a Clark Kent y su doble vida, siendo esta dualidad entre el héroe y el hombre una de las subtramas más recurrentes en este tipo de películas.

Tras comprobar que Kal-El y su capa tenían tirón, llegaron sus secuelas Superman II y III (Richard Lester, 1980 y 1983) y Tim Burton se puso manos a la obra para poner en el mapa cinematográfico a Gotham, con un Batman que llegó a las pantallas en 1989.

De ambas películas surgieron secuelas, series y remakes entre las que destacan la trilogía dirigida por Christopher Nolan: Batman Begins (2005); Batman: The Dark Knight (2008) y Batman: The Dark Knight Rises (2012), protagonizadas por Christian Bale acompañado de un magnífico elenco de villanos.

Aunque el universo DC Comic cuenta con más héroes uniformados que veremos proximamente desenvolverse en la gran pantalla (Wonder Woman o Aquaman entre otros), también tiene en nómina otros de vestimenta libre pero igualmente valiosos como Watchmen (Zack Snyder, 2009) o la peculiar Suicide Squad (David Ayer, 2016), en la que por primera vez, los villanos son los héroes.

Sci-Fi II: Que la fuerza os acompañe y no os muerda un Morlock

Y ahora que ya estamos situados y tenemos los cinturones abrochados, vamos a despegar con lo que vosotros esperábais leer y nosotros estábamos ansiosos por escribir: STAR WARS.

En los años 70 ya era habitual la hibridación de géneros, que como lectores fieles que sois, recordaréis de la publicación sobre el cine de terror cuando hablamos de Alien, el 8º pasajero (R.Scott, 1979). Es necesario que digamos esto para entender el contexto en que se creó originariamente La Guerra de las Galaxias. Esta "ópera espacial épica" que mezcla western, aventuras, cine bélico, ciencia ficción..., comenzó su andadura basándose  en la obra de Kurosawa La fortaleza escondida (1958).

El primer largometraje, Star Wars: Episode IV - A New Hope, escrita y dirigida por George Lucas, llegó en 1977 y su éxito fue tal que generó su propia cultura y se acabó transformando en una trilogía: Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back (Irvin Kershner, 1980) y Star Wars: Episode VI - Return of the Jedi (Richard Marquand, 1983). Star Wars incluyó algo verdaderamente importante en el cine (ayudada, obviamente, por los efectos especiales) y fue el hecho de asumir que cuaquier cosa que se pudiera imaginar, por irreal que fuera, tenía cabida en la gran pantalla. Sírvase como ejemplo la secuencia en la cantina de Tatooine

cantina

La campaña de publicidad de esta saga no tuvo precedentes y los ingresos por merchandising superaron a los de taquilla. El resto es la historia que todos conocemos. El universo intergaláctico salió de la gran pantalla en forma de comic gracias a Marvel y la cultura generada por la saga hizo que todos creciéramos con la frase de aquel señor de casco negro diciéndole a Luke Skywalker que era su padre.

Apareció una nueva trilogía entre 1999 y 2005 (The Phantom Menace, Attack of the Clones, Revenge of the Sith). Así como series de animación (Star Wars: The Clone Wars en 2008 y Star Wars Rebels: Spark of Rebellion en 2014). Finalmente, en 2015 se lanzó la muy esperada Star Wars: Episode VII - The Force Awakens, dirigida, coescrita y coproducida por J. J. Abrams. Recuperando aquella estética de la trilogía original y combinando el reparto inicial con jóvenes actores, contecta con varias generaciones y crea nuevos adeptos. Esta nueva trilogía promete estar a la altura de la original, aunque fue muy criticada por su falta de originalidad, previsibilidad y falta de temas filofósicos y metafísicos que caracterizaron a las películas iniciales. Pero, y como apunte personal, ¿puede haber algo peor que ver a un jovenzuelo Anakin, futuro malo malísimo de la galaxia, decir con ojos de pimpollo enamorado "soy prisionero del beso que nunca debiste haberme dado" en El Ataque de los Clones? Meditadlo.

Para cerrar este paréntesis "starwariano" (curiosamente, los fans de Star Wars no tienen un nombre universalemente reconocido como los trekkies) haremos mención a los spin off que llegarán próximamente a los cines, ahondando en el universo galáctico y contando de forma paralela a la trama principal varias historias de las que siempre quisimos más datos. El primero, Rogue One (Star Wars Anthology) está a punto de llegar. 

Pero existe cine más allá del Halcón Milenario. En 1977, Steven Spielberg, otro de los pesos pesados de la ciencia ficción, lanza otro peliculón del género: Encuentros en la Tercera Fase en la que se da una visión más optimista del extraterrestre que la que luego nos dejaría Alien.

Por otro lado, en estos años se recupera la ciencia ficción más clásica con Star Trek y también aparece la serie Battlestar Galactica (1978).

En los años 80 una película revolucionaría la ciencia ficción y sentaría las bases del "cyberpunk" en el cine. Ridley Scott adaptó la novela corta ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick en Blade Runner (1982) para contar la historia de Rick Deckard (se puede decir que Harrison Ford lo ha hecho todo en el cine, merece un capítulo para él solito), un agente de policía que se dedica a cazar replicantes en una sociedad distópica. Cuando el largometraje vio la luz recibió malas críticas, sin embargo, ha acabado convirtiéndose en una película de culto.

Rick Deckard

Otros títulos de los años 80 serán Predator (John McTiernan, 1987) y The Terminator (James Cameron, 1984) en la que aparece la figura del superhumano, la fusión del hombre y la máquina, ambas con  Arnold Schwarzenegger, como no podía ser de otra manera.

Aunque en los corazones de todos los que crecimos en la época de Barrio Sésamo (que igual algo de ciencia ficción tambien tiene) siempre estarán dos películas que marcaron a una generación entera: E.T, el extraterrestre (Spielberg, 1982) y  Regreso al Futuro (Robert Zemeckis, 1985), que puede considerarse también como cine de aventuras o comedia. Nada sería lo mismo sin "mi casa-teléfono" ni Doc y McFly y su condensador de fluzo. 

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Años más tarde, en los 90, los efectos especiales vuelven a cobrar importancia por encima de las revisiones y los temas adultos. Todos recordamos Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993) y la parodia del género de ciencia ficción de Tim Burton Mars Attacks! (1996).

Finalmente, y bajo la influencia del efecto 2000, aparece la trilogía que puso de moda la combinación gabardina, cuero, gafas de sol y pelo engominado: The Matrix (1999) de las hermanas Wachowski. Gracias a ella reflexionamos sobre lo que es real y lo que no lo es, vimos a Neo esquivar balas como nunca antes lo habíamos hecho y nos pusimos en el lugar del elegido, porque, al final, todo depende de si tomamos la píldora azul o la roja.

Ya habíamos aprendido que el cine podía crear historias de mundos imposibes y personajes increíbles, y ahora que los efectos digitales iban a empezar su época dorada, ¿quién se iba a atrever a ponerle diques a la ciencia ficción? Y es que, aún quedan por llegar los superhéroes y los viajes espaciales (tanto de emigración como de inmigración).

Y ahora que ya estamos situados y tenemos los cinturones abrochados, vamos a despegar con lo que vosotros esperábais leer y nosotros estábamos ansiosos por escribir: STAR WARS.

En los años 70 ya era habitual la hibridación de géneros, que como lectores fieles que sois, recordaréis de la publicación sobre el cine de terror cuando hablamos de Alien, el 8º pasajero (R.Scott, 1979). Es necesario que digamos esto para entender el contexto en que se creó originariamente La Guerra de las Galaxias. Esta "ópera espacial épica" que mezcla western, aventuras, cine bélico, ciencia ficción..., comenzó su andadura basándose  en la obra de Kurosawa La fortaleza escondida (1958).

El primer largometraje,Star Wars: Episode IV - A New Hope, escrita y dirigida por Geroge Lucas, llegó en 1977y su éxito fue tal que generó su propia cultura y se acabó transformando en una trilogía: Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back (Irvin Kershner, 1980) y Star Wars: Episode VI - Return of the Jedi (Richard Marquand, 1983). Star Wars incluyó algo verdaderamente importante en el cine (ayudada, obviamente, por los efectos especiales) y fue el hecho de asumir que cuaquier cosa que se pudiera imaginar, por irreal que fuera, tenía cabida en la gran pantalla. Sírvase como ejemplo la secuencia en la cantina de Tatooine.

Sci-Fi I: Visionarios, superhéroes y Spock

Si gracias a los géneros cinematográficos podemos hablar en medio de la calle cantando y bailando con nuestros vecinos como elenco invitado o contemplar las más escalofriantes escenas con la protección que da estar del otro lado de la pantalla, ¿qué me decís de la posibilidad de viajar en el tiempo, hacerte amigo de un extraterrestre o ser salvados por un superhéroe? ¡Gracias por existir Ciencia Ficción!

La primera vez que el público pudo ver los artificios y trucos del género fue con un señor llamado Georges Méliès, ilusionista y director que pasó a la historia como el "mago del cine". Gracias a su su dominio de efectos especiales como el stop trick, las exposiciones fotográficas o el time lapse, lograba contar historias de fantasía, imposibles hasta entonces. A través de sus investigaciones, contribuyó a desarrollar el lenguaje cinematográfico y nos dejó una extensa filmografía entre la que destaca Viaje a la Luna (1902), con una de las imágenes más icónicas de la historia del cine.

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Y mientras, en España, donde siempre nos creemos a la cola de cualquier cosa que sea innovar y aportar algo importante, Segundo de Chomón investigaba para pasar a la historia como el descubridor de un efecto llamado "paso de manivela" o lo que hoy conocemos como stop motion. Su película más conocida es El hotel eléctrico (1908).

Por su parte, mientras seguían avanzando las innovaciones técnicas, el expresionismo alemán, hacía que surgieran las novedades narrativas con la aparición de los androides. En 1927, Fritz Lang crea Metrópolis, una película inspirada en una novela de Thea von Harbou. Con trama distópica y una importante carga ideológica sujeta a diversas interpretaciones fue el primer filme considerado Memoria del Mundo por la Unesco. ¿Hace falta decir más?

En los locos años 20, y posteriormente, durante el periódo de entreguerras, EEUU se hace finalmente con el género, aunque todo se vuelve confuso y éste se mezcla con otros: lo que es ciencia ficción, puede ser también terror. En esta época, aparecen los superhéroes en la industria del comic estadounidense y no tardarán en dar el salto al cine, porque en aquellos años más que nunca, el mundo necesitaba una figura salvadora. Un ejemplo es Flash Gordon (Frederick Stephani, 1936).

Ya en los años 40, surge el miedo a una "amenaza comunista" que podía estar en cualquier parte y tomar cualquier forma. Este pavor colectivo tiene su reflejo en el cine, como vemos por ejemplo en La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956).

En los 50 el cine empezó a competir con la televisión a base de efectos especiales más elaborados y planteamientos narrativos más complejos. Aparecen dos títulos destacados cuyo prestigio llega hasta nuestros días. Por un lado The Day the Earth Stood Still (-o Ultimátum a la Tierra- Robert Wise, 1951), basado en el relato pulp Fairwell to the Master. Al contrario de la mayoría de producciones de aquella época en las que se reflejaba el miedo de la sociedad a una invasión que terminase con su estilo de vida, esta película tiene un guión antimilitarista que rompe la tendencia. Se ganó un lugar en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por ser considerada «cultural, histórica, o estéticamente significativa».

Por otro lado está Forbidden Planet (Fred McLeod Wilcox, 1956) en la que aparece el robot Robby, un icono de la ciencia ficción. Esta película fue una influencia fundamental para Gene Roddenberry, creador de Star Trek.

En Estados Unidos, la ciencia ficción en los años 60 se caracterizó por el pesimismo. O sino que se lo digan a Charlton "¡Os maldigo!" Heston en El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968). Mientras tanto, en Europa prestaban más atención a la estética, tal y como se muestra en Barbarella (Roger Vadim, 1968) basado en el comic del mismo nombre, en la que vemos a Jane Fonda enfrentarse al malvado Durand-Durand.

Ahora es cuando empezan aparecer los verdaderos pesos pesados. Los 60 fueron unos años muy intensos: los Beatles, los hippies, la Guerra Fría, Woodstock y la llegada a la Luna, el verano del amor y mayo del 68. Y lo que aquí nos ocupa: 2001, una odisea del espacio y la aparición de Star Trek.

Con 2001, a Space Odissey (Stanley Kubrick, 1968) revolucionó el género dándole un toque adulto. Pierde la intención comercial, con lo que deja de ser un título para todos los públicos con un ritmo mucho más lento y una carga simbólica importante. En definitiva, es necesario darle bastante al coco mientras vemos esta película, por algo para algunos es considerada como "pretenciosa" mientras que para otros es "una obra maestra". Quede como anécdota que muchos de los animadores que se encargaron de los efectos especiales se pasaron tanto tiempo trabajando con fondos negros, que, terminada la producción, corrieron a trabajar en El submarino Amarillo (George Dunning, 1968). Desconocemos qué resultados tendría este cambio tan brutal...

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Por su parte aparece Star Trek (Star Trek: The Original Series 1966-1969) , una serie de televisión creada por Gene Roddenberry para la cadena de televisión NBC. A través de las aventuras espaciales del Capitán Kirk, Spock y demás personajes de la saga, han llegado a nuestros días recursos frecuentes de la ciencia ficción como el teletransporte o los viajes superluminares. Robert Wise se encargó de la primera película en 1979 y años más tarde sería Leonard Nimoy (Star Trek III: The Search for Spock, Star Trek IV: The Voyage Home) o J.J. Abrams (Star Trek: The Future Begins, Star Trek: Into Darkness) entre otros, quienes se encargarían de actualizar estas hazañas galácticas a nuestros días.

Y ahora que el género ya está desarrollado y asentado y que se empiezan a explorar las inmensas posibilidades de los mundos, personajes e historias que no responden a barreras realistas, el viaje a la imaginación no ha hecho más que empezar. Abróchense los cinturones que seguiremos viajando...

"My folks came to the US as immigrants, aliens, and became citizens. I was born in Boston, a citizen, went to Hollywood and became an alien." Leonard Nimoy

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