Haz el amor, no la guerra

Repasando el libro de Historia

Hace ya 100 años, el 11 de noviembre de 1918, se firmó el Armisticio de Compiègne. Para aquellos que tengan las clases de Historia un poco oxidadas decir que este tratado puso fin a las hostilidades en la Primera Guerra Mundial y un año más tarde sus condiciones quedarían ratificadas en el famoso Tratado de Versalles.

No hemos querido esperar al aniversario de la firma del fin de la primera gran guerra para actualizar nuestro repaso particular a los géneros cinematográficos. Os imaginaréis, avezados lectores de Lampyridae, cuál será el tema de hoy.

Correcto. El cine bélico.

Ya hemos hablado muchas veces del cine como arma propagandística. Así que podréis imaginar que el origen del cine de guerra fuera la propaganda. El nacimiento y desarrollo del séptimo arte estuvo muy ligado, durante el pasado siglo XX, a los hechos históricos y el sentir de cada momento, los miedos y alegrías, y las guerras no tuvieron poca influencia en este medio. Así que ya con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el cine se utilizó como arma ideológica, como apoyo a las tropas pero, también, como alegato contra la violencia.

Fue precisamente a raíz de esta contienda que se fundó en Alemania la UFA, la gran productora cinematográfica europea de la que saldrían películas tan importantes como Metropolis de Fritz Lang. Con la posterior llegada de los nazis al poder, el control del contenido se hizo insoportable y muchos grandes profesionales acabaron emigrando a Hollywood y contribuyendo enormemente a su éxito, pero eso, una vez más, es otra historia.

Un ejemplo del cine bélico de la primera mitad de siglo por parte del Reino Unido, por su parte, es Sangre, sudor y lágrimas (In Which We Serve, David Lean, Noel Cowärd 1942) un homenaje a los caídos en batalla.

Hablamos de la propaganda en Europa, pero en EEUU, en Hollywood y también durante la II Guerra Mundial, se utilizó el cine de guerra como vehículo propagandístico, defendiendo el estilo de vida americano. Con la guerra de Corea se llegó a introducir incluso el censor militar.

Y llegamos a los años 70, a la conocida como primera guerra televisada. Fue una época de esplendor para el documental, sobre el tema de la guerra de Vietnam se realizó el documental galardonado con un Oscar Hearts and Minds (Peter Davis, 1974).

Durante los años 80 y 90 se siguieron realizando películas enmarcadas en los grandes conflictos del siglo XX, algunos ejemplos son La delgada línea roja (Terrence Malick ,1998) sobre la batalla de Guadalcanal o Platoon (Oliver Stone, 1986) sobre Vietnam. Pero seguro que sabríais decir muchos más ¿verdad?

Las secuelas de la guerra

Son muchas las películas que no retratan un hecho bélico concreto o no se centran únicamente en la vida castrense, pero que sí tienen como trasfondo la guerra y producen una hibridación del género bélico con otros, como la comedia, el drama o la animación. Así pueden tratar temas como la lucha por la supervivencia o las secuelas de la guerra en los soldados o en las vidas de aquellos que sufrieron el conflicto. De esta manera, cada guerra se convierte casi en un subgénero en sí mismo, ya sean las Guerras Mundiales, Corea o Vietnam, enmarcando historias que pueden ocurrir lejos del campo de batalla:

Ya en Los mejores años de nuestra vida (William Wyler, 1946) se empezó a tratar el problema de los veteranos de guerra y las secuelas físicas y psicológicas en su vuelta a la sociedad. Algo parecido ocurre en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), aunque en este caso su protagonista decide autoproclamarse justiciero frente a la sordidez del mundo.

La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988) cuenta en formato de animación la dramática historia de dos niños que luchan por sobrevivir en el Japón de la II Guerra Mundial tras la muerte de sus padres.

No a la guerra

El cine bélico, curiosamente, además de arma ideológica, ha sido también desde sus orígenes uno de los mejores instrumentos para denunciar el sinsentido de la guerra.

Uno de los ejemplos más conocidos es Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957) donde la película se mete en las trincheras de la I Guerra Mundial para contar la dura historia de unos soldados acusados de cobardía y enfrentados a un consejo de guerra.

Sin novedad en el frente (All Quiet on the Western Front, Lewis Milestone, 1930) es otro de esos ejemplos de cine antibelicista, ganadora de dos Oscar y que habla del despilfarro y la decepción de unos jóvenes soldados norteamericanos.

Y por último, porque no todo tiene por qué contarse en tono dramático, está M.A.S.H (Robert Altman, 1970) que desde un punto de vista cómico cuenta la historia de unos cirujanos durante la guerra de Corea.

Bajo el mar...

Para terminar, queremos mencionar unas cuantas películas que pertenecen a otro subgénero que suele tener una guerra de fondo -aunque no necesariamente- como es el de las películas de submarinos:

La película de Alemania del Oeste, Das Boot (Wolfgang Petersen, 1981) sobre una misión durante la II Guerra Mundial es el clásico por antonomasia de las películas de submarinos al retratar magistralmente la claustrofobia y la tensión en un buque sumergido.

Por su parte, K-19 WidowMaker (Kathryn Bigelow, 2002), enmarcada en los tensos años de la Guerra Fría, ya pertenece al género de drama o thriller pero la ponemos aquí por dos razones: fue realizada por la única mujer que -hoy en día- ha ganado un Oscar a la Mejor Dirección, y curiosamente, cosas del cine, es la misma mujer que estuvo casada con uno de los hombres que ha realizado una de las inmersiones marinas más profundas, el también director James Cameron.

Otro clásico del cine de submarinos es La caza del Octubre rojo (John McTiernan, 1990) que, aunque no pertenece como tal al género bélico, sí que es verdad que también está ambientada en la Guerra Fría y supone la primera aparición en el cine de Jack Ryan, el personaje de ficción del escritor de novelas de espías Tom Clancy. Y con este soberbio giro de muñeca abrimos la posibilidad de un nuevo capítulo de “Esto es otra historia” dedicado a las adaptaciones cinematográficas. ¡Muy atentos!